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Posted by on May 1, 2014 in Toros |

Novena Corrida FNSM: Oreja a Flores tras una estocada cabalmente tendida

SERGIO MARTÍN DEL CAMPO

 

-¡Hay están los torotes que a tí te gustan, luego luego se paran!, -decía un “aficionado” que usa a la mitad su materia gris a otro aficionado pensante; -Los toros no embisten por su tamaño, sino por su mala reata; más grandes los he visto acometer poderosa y largamente; -le reimpostaba con aargumentos éste.

Es una realidad, hay bestias chicas, medianas y grandes, pero ello no opera, como muchos piensan, en su comportamiento; lo que provoca el juego encastado de un animal de lidia es, entre otras cosas de menor importancia, su reata, esto es, su buena genética.

Ayer sobre la carpeta redonda de la plaza Monumental de Aguascalientes se ofreció la novena función del serial sanmarqueño. Para ello, y ante la mitad de su aforo, se jugaron dos astados para rejones, uno de Refugio Peña y otro de Fernando de la Mora, de presencia normal, y cuatro de Celia Barbabosa con trapío, para la lidia regular, destacando por cuajo, seriedad y cabalidad en su adultez, el último. No obstante dieron mal juego al opinar en modo global, únicamente podría señalarse que el tercero de la tarde tuvo alguna virtud y se le mutiló un apéndice auricular.

Una tercia de sumas dejó la tarde: que Hermoso de Mendoza ya no alborota a la clientela, que Sergio Flores fue premiado exageradamente y que las imposiciones del équite de Navarra son dañinas para el espectáculo mexicano, ya que “su apapachado”, Fermín Spínola, tan gélido él, no cambia ni cambiará y su resequedad invade los ruedos y hace que los pagadores del tendido más bien se aburran.

En armonioso, calibrado y sobrado galope, sorteó clásica y orgullosamente jinete Pablo Hermoso de Mendoza (palmas y al tercio tras petición) las primeras embestidas del berrendo en cárdeno, al que clavó un  par de hierros de castigo en sitio decente. Aquel tordillo rodado, “Duende” de nombre, valiente y seguro, sonó sus cascos en pasaje de una doma formidable entre que, al embroque justo en el centro del estribo, su amo dejaba las banderillas arriba. Un cuaco alazán, “Dalí”, con la sutura de una cornada en el anca derecha que por el esfuerzo de los movimientos comenzó a supurar, sobre todo varió el quehacer, reiterando el tan celebrado giro o cabriola en la cara misma del buen adversario. Cortas banderillas llegaron a su puño, ahora sobre el dorso de “Machete”, pisándole ya el terreno al bicorne, pero en desgracia ejecutó mal con la “Hoja de Peral” y se vio forzado a apearse para derribar en muerte al rival de un descabello certero. Desengañado con el primer hierro de castigo, toro que parecía no ver en la corta distancia, parco con él pero correcto estuvo técnicamente. Orquetado sobre primoroso tordillo carbonero de nombre “Estudiante”, dejó un par de banderillas, previo toreo muy bien calificado y serio, como en honro de los códigos más añosos y establecidos del “arte de Marialva”. Al cabalgar sobre “Habanero”, se vio variado pero en apuros, sin embargo librando con enjundia. Las acciones iban sobre rieles lizos, y para cerrar montó nuevamente a “Machete”, con el que acortó el terreno para revivir la suerte de don Ángel Peralta. Buena actuación indudablemente pero se interpone en ello la verdad que ya no caliente la atmósfera como en campañas anteriores. Dado a matar al parado astado de Fernando de La Mora, le atizó en mala hora un rejonazo atravesado.

Practicante de una tauromaquia ciertamente variada, Fermín Spínola (palmas y pitos tras aviso) ha escrito su trazo profesional sobre hojas de hielo. Torero inexpresivo que en esta tarde, teniendo un toro soso que acababa las embestidas enfocando la testa hacia las banderas, presentó un trasteo en el que se responsabilizó de los tres tercios con modesta intensidad, no llegando a tronar las emociones. Muchos pases y escaso toreo, terminando con una estocada tendida en demasía. Del quinto, desagradable a la vista, su peor defecto fue el descastamiento brutal que exhibió delante de la gente; topón y maldito pegó medios arreones indignos de una res de lidia, y el diestro del Distrito Federal se vio orillado a muletear por la cara brevemente y buscar la muerte del antagónico, acción que logró no sin sufrir.

Del uso del capote por la cortesía de Sergio Flores (oreja y palmas), valieron alguna verónica del saludo y las chicuelinas a compás abierto en el mero centro del escenario; y en el tramo muletero se pintó con una faena derechista, lado bueno del débil toro, para hacer valer un proyecto torero inteligente y con mucho propósito, provocando el coro del ¡ole! Incluso cuando ya el rumiante salía manseando y buscando con sus cuernos el aire del vacío en las alturas, aunque sin corresponderla al matar, dejando una estocada tendida cabalmente y, eso sí, de mortales réditos. Un torazo mexicano cerró la función de fiesta brava en esta tarde. Y puso su orden y el desorden en casi todos los actores. Solo de ver un toro cabal, mal habituados al torillo pequeño y desrazado, los rostros se les descolora y el pánico cunde. ¡Hosana y salve! Solo Luis Miguel González, torero de a caballo y dinástico que le recibió con un puyazo cismático observando la norma clásica de esta hermosa faena y que le granjeó las palmas emocionadas del respetable cuando abandonaba al tranco la circunvolución, contenedor enigmático de su hacer fabuloso. Al espada tlaxcalteca solamente se le reconocieron unas verónicas toreras cuando recibió al bello ejemplar, ya metido en el tercio mortal se manifestó confundido, en actitud precautoria, sin el deseo de jugársela; quizás sintió que la oreja que en la espuerta guardaba, había sido suficiente y las potentes arreadas que pegaba el burel podrían ser demasiado inconvenientes. Poco quiso enterarse del asunto azaroso y en lugar de doblegar con muletazos recios, compactos e implacables, luego desengañar y después pasárselo por la faja, prefirió desenfundar el estoque y matar a la res, ejecutoria en la que también pasó por cierto sufrimiento.

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