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Posted by on Mar 19, 2014 in Crónica |

Galatasaray-Chelsea: el regreso del hijo pródigo

Galatasaray-Chelsea: el regreso del hijo pródigo

Con el “11” en el dorsal, vuelve el jugador mítico del campo de guerra en el norte de Londres, el Stamford Bridge recibe con los brazos abiertos al mejor delantero que ha tenido su club, el Chelsea y no precisamente es el regreso de una lesión de Torres o el ingreso al campo del camerunés Eto’o sino la vuelta de ese “11” ahora pintado naranja y escarlata.

Ese regreso tan anhelado de Didier Drogba al campo que lo vio crecer como futbolista y figura mundial es lo que dejó el partido esté martes entre el Galatasaray y el Chelsea. Aunque se disputaba el acceso a los cuartos de final, del para muchos, mejor torneo del mundo, no hubo emociones más lejanas que el sentimiento que producía ver pisar al “Elefante Negro” la pista de baila de los “Blues”.

Hazard hizo lo suyo, demostrando sus dotes, regates y su ligereza descarada en su izquierda y precisión en la derecha, con una asistencia para que Eto’o pusiera las cosas en paz y a Mourinho sentado por el resto del juego, desde el minuto 4. Luego el equipo turco desaparecería, perdería de nada, se moriría fácil y todos los lugares comunes para regalar un partido. Al 42′ Cahil anotaría su tercer gol con el Chelsea en una serie de rebotes que terminarían sentenciando el partido 2-0 para darle la clasificación a los de Londres.

Durante el segundo tiempo y gran parte del primero Muslera se dedicó a ser el único hombre con apariencia de querer ganar, paraba y paraba balones 16 tiros a puerta para ser exactos, pero ni los gritos ni la atajada al tiro de Torres que vino de un taquito de Hazard levantaba a ese equipo ni a su técnico que en la pose daba a entender su conformismo; Mancini desparramado en el banquillo.

El partido sirvió para que Drogba fuera aplaudido un ora de veces cuando tocó el balón y para que a un par de minutos del final abanicara la más clara de su club en frente de Peter Cech. El árbitro pitó el final y el “11” de naranja volvió a ser el “11” de azul, aplaudió a la afición y se abrazó largo, con susurro en el oído y beso con Terry, le dio un golpe en la espalda a Ramírez, felicitó a un jovencito que de seguro lo vio jugar a los quince años como Kalas y hasta recibió clases de como definir y cómo no debió de hacerlo en esa última jugada del portero Cech. Bajo su corte de pelo, sus ojos firmes y sin titubear se escondía una sonrisa de victoria, como si no meterle gol a su amado Chelsea hubiera sido su objetivo.

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